Lectura: 1 Samuel 24:3-6 “3Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva. 4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. 5 Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. 6 Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová”
Meditación: Es muy fácil confundir la voluntad de Dios con la nuestra, aunque no debería de ser así. Podemos actuar con venganza contra nuestro hermano vestidos con el disfraz de la voluntad de Dios.
No caigamos en el error de tomar la justicia por nuestra mano, sometamos nuestra voluntad imperfecta a la voluntad divina y Dios va a poner las cosas en su sitio, pero en su tiempo no en el nuestro.
Mostremos amor y misericordia porque a eso nos llamó el Señor, “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Juan 15:12), sea como sea nuestro hermano. Dios es el que tiene la última palabra no nosotros.
Oración: “Oh Señor, ayúdanos a no usar nuestra propia justicia contra nuestro hermano, danos más de ti para que la imagen de Jesucristo sea moldeada en nosotros, ayúdanos a estar quietos y guardar la espada de la crítica ante nuestro hermano que no anda en tus caminos, llénanos de misericordia y amor. En el nombre del Señor Jesús. Amén”
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